Islas San Blas

De Panamá a Colombia en velero por las Islas San Blas

Probablemente, la frontera más cara del mundo entre dos países vecinos sea la de Panamá con Colombia dado la imposibilidad de cruzarla por tierra. Ante semejante contratiempo, llamado “Tapón del Darién”, nos encontrábamos con un arduo dilema: mar o cielo. Después de días de investigación sobre los precios y la posibilidad de viajar con mascotas nos decidimos por el velero y convertimos lo que tenía que ser un dolor de cabeza en un recuerdo inolvidable. Carlos, los tres mininos y yo, nos embarcamos en un viaje de cinco días en catamarán por las paradisíacas Islas San Blas hasta llegar a Cartagena de Indias, Colombia.

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El viaje inició con un tedioso trayecto en carretera de tres horas, a través de las montañas, desde Ciudad de Panamá –en el Pacífico- hasta el Caribe. Una vez allí, una lancha a motor nos trasladó al velero llamado “Gitano del Mar”. El capitán David (francés) y la tripulación, Cesar (argentino) y Claudio (un italiano dando la vuelta al mundo sin aviones) nos dieron la bienvenida y a nosotros nos asignaron una habitación de tres personas en la cual, finalmente, solo dormimos los gatos y nosotros. Cachito disfrutaba de las vistas desde su camarote:

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Los primeros días los pasamos recorriendo las Islas San Blas, un archipiélago de 365 islas o cayos de los cuales sólo unos 80 están habitados. Los períodos de navegación eran cortos y en aguas poco profundas y tranquilas. Comimos langosta, nadamos entre multitud de estrellas de mar y conocimos algunos de los kunas- los habitantes indígenas de este magnífico archipiélago. Los kunas visten coloridos tejidos llamados molas aunque originalmente, antes de la llegada de los colonizadores y el cristianismo, sólo se pintaban el cuerpo. Se dice que fueron expulsados de Panamá y se instalaron en las islas, aunque también he leído que pudieran provenir de Colombia. Actualmente, son una comunidad autónoma que se rige con sus propias leyes y no acepta a nadie en las islas que no sea Kuna.

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Me sorprendió lo limpia que estaba el agua y las islas porque uno de los principales problemas que enfrenta el pueblo kuna es, precisamente, la gestión de los desechos dado que resulta demasiado caro transportalos a tierra firme. Sin embargo sólo vimos un poco de basura en alguna de las islas habitadas.

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Los siguientes dos días fueron de navegación en mar abierto hasta Colombia, pasando por el Archipiélago del Rosario. El mar estaba relativamente calmado pero las primeras 24 horas seguidas de navegación nos hicieron sentir a todos un poco mareados…a todos menos a Nino, nuestro gatito mayor parecía que lo hubiera hecho toda la vida y se dedicaba a mirar por la ventana mientras se preguntaba por qué todos teníamos tan mala cara.

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Sentada en la proa del catamarán, debo reconocer que me emocionó la idea de llegar a Sudamérica, por primera vez, en velero y a través del Caribe. No podía dejar de mirar al horizonte a la espera de divisar tierra firme, la de un continente completamente nuevo para mí. Por suerte, y aunque a veces parece que las cosas no hayan cambiado mucho, la multitud de europeos de este velero íbamos armados únicamente con aparatos para disparar… millones de fotografías.

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Datos prácticos:

  • El Gitano del Mar fue el velero que escogimos, sencillamente, porque el capitán aceptó que viajáramos con los gatos. Todo fue excelente aunque el velero iba a tope de gente.
  • Bluesailing fue la compañía con la que reservamos el velero. Toda la gestión fue por correos electrónicos, los cuales respondían rápidamente aunque yo tuviera miles de preguntas y excéntricas peticiones. Sin embargo, los veleros se pueden reservar con otras agencias de viaje y hoteles u hostales.
  • Lo peor resultó ser el transporte entre Ciudad de Panamá y el puerto de salida a cargo de Lam Tours (bluesailing trabaja con ellos). El conductor iba demasiado rápido, en un carro demasiado pequeño y al último momento nos querían cobrar extra por los gatos, sin previo aviso.
  • Precio: El viaje en velero cuesta 550 dólares por persona. Tres comidas al día incluidas.
  • Por gato nos cobraron 50 dólares.
  • El capitán se encarga de llevar los pasaportes a la policía tanto en Panamá como en Colombia así que, por primera vez, ¡pasamos una frontera sin tener que ver esos pesados rostros malcarados!

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