Ushuaia: al Fin del Mundo en Kombi y con 3 Gatos

La Carretera Termina en Ushuaia y Ponemos Rumbo al Norte

730 días, 13 países, 3 gatos, 2 humanos, 1 kombi e infinidad de historias. Hemos llegado a Ushuaia, la ciudad del Fin del Mundo. Desde México pusimos rumbo al sur y, dos años más tarde, se nos ha acabado la carretera. Lo que sigue no es un regreso sino la continuación del viaje de nuestras vidas.

La emoción que sentimos al haber llegado a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, nos deja casi sin palabras. Es tanto lo vivido que es difícil ordenar las ideas. Salimos de México sin saber si llegaríamos a cruzar la primera frontera: la kombi tenía problemas mecánicos, los gatos nunca habían viajado en coche y nosotros no conocíamos a nadie que hubiera hecho algo parecido. Dudábamos de todo, pero las ganas de viajar pudieron más. Y hoy estamos aquí, en Ushuaia. A punto de poner, por primera vez, rumbo al norte.

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¿Damos marcha atrás? No. Seguimos. Avanzamos hacia nuevos retos, nuevos países y a conocer más gente linda. Estos 730 días nos han enseñado que lo que hace especial el viaje es disfrutarlo con quién más quieres y compartirlo con desconocidos que se vuelven amigos para siempre.

Hemos superado fronteras. Pero no las de pasaporte, sino las nuestras propias. Las fronteras mentales. Esos miedos que no te dejan avanzar ni dormir.

Hemos aprendido a dejarnos ayudar. No ha sido fácil porque dejarse ayudar es un acto de humildad. Es reconocer que necesitas ayuda. Pero también es hacer feliz a alguien que honestamente tiene ganas de echarte una mano y formar parte de tu sueño.

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Los gatos también se han adaptado al viaje. Parecen haber rejuvenecido. Han aprendido, como nosotros, a hacer lectura sobre lo que es seguro y lo que no.

Juntos, los cinco, hemos superado problemas mecánicos a 5000 metros de altura, hemos salido huyendo de una ola de calor de 47 °C, nos hemos mareado navegando por el Caribe y hemos salido ilesos del ataque de unas alpacas…entre tantas otras anécdotas.

 

Y aunque estamos felices de haber llegado a Ushuaia, lo importante no es la meta, sino el camino. Y la Patagonia, el último tramo hasta llegar a este punto, no ha sido diferente. La ruta 3 nos ha regalado las dos cosas que más disfrutamos: amigos y naturaleza.

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Pocos nos recomendaban tomar la Ruta 3 hasta Ushuaia. ¡Por allá no hay nada! ¡Sólo guanacos y viento! ¡Vayan por la 40! – decían. Es verdad que hay muchos guanacos ¡y qué bonitos son! También hay viento ¡pero no siempre! Sin embargo, hay mucho más: ballenas cerca de la costa, toninas en aguas turquesas, colonias de divertidos pingüinos, playas con cuevas, leones marinos, choiques y choiquitos, peludos y piches, cormoranes de ojos de colores, peligrosas skúas, islas sacadas de un cuento de piratas. ¿Nada? ¡¿De verdad?! Para los amantes de la naturaleza como nosotros hay tanto que nos faltaron meses.

Y por no hablar de la maravillosa acogida que tuvimos por parte de los kombinautas y futuros viajeros en lugares como Rawson, Playa Unión o Rada Tilly. Pero empecemos por el principio:

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Nos reencontramos con el mar en Las Grutas. En temporada baja, disfrutamos de las cuevas de la playa y las colonias de loros barranqueros en total tranquilidad.

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Y cumplimos con nuestro objetivo de ver ballenas: una ballena, dos ballenas, tres ballenas y ¡qué bonito es perder la cuenta de cuántas ballenas vimos! Primero en Playa Doradillo y después desde la bellísima Playa Pardelas de Península de Valdés donde pasamos algunas noches. Dos de ellas, las pudimos capturar en video:

 

En Playa Unión conocimos a futuros viajeros, Luciana y Mariano, y fanáticos kombinautas como Gonza y Florencia o Gabriel y su familia. Todos nos recibieron con un buen asado y un Fernett.

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Al estilo argentino, mate en mano, charlamos de viajes y de costumbres de diferentes países. Nos fuimos con energías renovadas, muy bien comidos y ¡con amigos para siempre!

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Gaiman es un pequeño pueblito de origen galés de donde no podíamos irnos sin probar su tradicional ceremonia del té galés.

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Y en la pingüinera Dos Bahías no pudimos evitar sonreír observando el divertido andar de los pingüinos de Magallanes. Pasamos un día entero en la pingüinera y también vimos la naturaleza en acción: los llamados de los pingüinos de magallanes, sus pequeñas crías que apenas veían la luz del sol por primera vez, las gaviotas robando sus huevos y algún peludo también al acecho.

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Flavio y Esther nos hicieron sentir como en casa en Rada Tilly. Aunque todavía no tienen vehículo para su viaje, tienen muy claro que su tripulación incluye ¡dos felinos! ¿Suena familiar?

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En Caleta Olivia, una pequeña comunidad de leones marinos descansa en la playa. Aunque habíamos visto leones marinos antes, no nos habíamos dado cuenta de su enorme tamaño. Imponen mucho, así que a pesar de que parecían tranquilos, mantuvimos una distancia prudente. Además, huelen un poco mal…

 

Y llegó el momento de decidir: nos desviamos a Puerto Deseado, ¿sí o no? Son 125 km de ida y lo mismo de regreso. Así que hasta el mismo cruce no supimos qué hacer. En cuanto vimos el cartel publicitario con una foto de los pingüinos penacho amarillo, dimos volantazo y ¡pa’dentro!

 

Gracias a los amigos de Darwin Expediciones, conocimos la increíble Isla Pingüino, donde llegan a anidar los pingüinos penacho amarillo que son el símbolo de Puerto Deseado.

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A la Ría Deseado, la llaman las Galápagos de Patagonia porque Charles Darwin estuvo navegando por estas aguas de color turquesa mientras desarrollaba la teoría de la evolución. Pasamos diez días en Puerto Deseado. Acampábamos en sus acantilados, con la ría turquesa de telón de fondo y dormíamos con el sonido de los pingüinos y los leones marinos de banda sonora.

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Siguiendo la Ruta 3, entramos a la pre-historia. Hace 150 millones de años, en el lugar que hoy se conoce como Monumento Natural Bosques Petrificados, había un bosque húmedo con criaturas prehistóricas. Cuando el volcán explotó, tumbó los enormes árboles. Pasado el tiempo, se convirtieron en piedra y hoy son monumento natural que ningún viajero debería perderse.

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Para llegar a Ushuaia en “La Isla”, hay que entrar a Tierra del Fuego, Chile y cruzar el famoso estrecho de Magallanes. Y desde el ferry pudimos ver toninas!

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En Chile, existe la única colonia de Pingüinos Rey fuera de la Antártida, así que fuimos a verlos. ¡Qué belleza!

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De nuevo en Argentina, en Río Grande,  la familia de Mony nos acogió en su casa para pasar una linda tarde en buena compañía ¡y comer unas ricas empanadas caseras!

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Y por fin….

¡Llegamos a Ushuaia!

Y tuvimos triple celebración: ¡La llegada al extremo sur de América, Fin de Año y cumplimos 2 años de viaje exactos!

Además, hicimos un montón de nuevos amigos, como Eduardo y Emilia que nos invitaron a cenar, Maite y Erlantz de El Mundo de Pe a Pa, Andrés y Carito de Sinalambrados, Sol y Martín de la Milonga Rutera, los suizos Christopher y Alexandra que empezaron su viaje en Alaska y otros tantos… ¡¡Una vez más quedó demostrado que llegar a Ushuaia no hubiera sido lo mismo sin amigos con quien celebrar las alegrías y sueños de todos nosotros!!

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El viaje continúa. Ponemos rumbo al norte con las mismas ganas que el primer día y con un poquito más de experiencia.

 

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