Quetzal en Honduras

Si tuviera una lista de aves avistadas, él sería el rey de la lista. El escurridizo, esquivo y resplandeciente quetzal nos honró con su presencia en las frondosas selvas de las faldas del bosque nublado de la Montaña de Santa Bárbara, en Honduras.

Desde la comunidad de El Sauce, un camino de tierra rodeado de cafetales y plataneros nos encaminó hacia los bosques donde habita el quetzal. A continuación, el guía nos indicó el inicio de un diminuto sendero a un lado del camino y, de golpe, la oscuridad y humedad de la selva nos envolvieron. Rápidamente, el canto de un quetzal nos llenó de emoción y esperanza y empezamos a caminar, en silencio y a paso lento, entre gigantes de madera.

Santa Barbabara (1)

Avanzamos entre helechos, robles, hongos y troncos tumbados en el camino. Los rayos del Sol entraban con dificultad entre las copas de los árboles y unas enormes mariposas blancas volaban entre el follaje. En el suelo, brincábamos entre ejércitos de hormigas y setas de color azul eléctrico. El paisaje parecía salido de un cuento de hadas. Pero faltaba, precisamente, las hadas, y estábamos decididos a encontrarlas.

De repente notamos, en un agujero tallado en un tronco de árbol viejo, unas larguísimas plumas de color verde iridiscente sobresaliendo como hojas de bromelia y, acto siguiente, una cabecita de color verde eléctrico con su cresta erizada y su pecho rojo carmesí como corazón de bromelia. Sus brillantes colores contrastaban con lo oscuro del tronco en putrefacción. Era un quetzal macho, en su nido.

Nos deleitó. Pudimos observar el detalle de su belleza mientras cuidaba su morada. La hembra llegaría al atardecer para tomar el relevo durante la noche. Inesperadamente, salió del nido. Voló por encima de nuestras cabezas y mostró su belleza en acción. No se fue muy lejos del nido y, perchado en una fina rama de un árbol, sus largas plumas se movían al compás del viento. Finalmente, se fue, no muy lejos, pero lo suficiente para perderlo de vista.

Unos metros más adelante, otro árbol estaba repleto de hembras quetzal y juveniles. Las hembras, aunque de colores más modestos, siguen mostrando su pecho carmesí y a los juveniles les empezaban a crecer las plumas que se convertirían en su símbolo de identidad. Habíamos encontrado las hadas.

Santa Barbabara (3)

Otros datos:

También conocido como quetzal guatemalteco, su nombre científico es Pharomachrus mocinno, ave nacional de Guatemala y que da nombre a su moneda. No es de extrañar que tan preciosa ave haya tenido un papel importante en la mitología prehispánica. Los reyes y sacerdotes mesoamericanos llevaban tocados de plumas de quetzal. En náhuatl, quetzalli significa cola larga de plumas brillantes, sinónimo de bello o precioso.

Ver el quetzal en Honduras ha sido posible gracias a Robert y Esdras quienes están encargados de un proyecto de eco-turismo comunitario del que ya hemos hablado aquí y que esperamos que sigua prosperando para poder conservar estas bellezas y por el bien de las comunidades rurales que nos acogieron durante dos magníficos días.

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