Bogotá, que no te espante la capital

Las ciudades grandes representan un verdadero dolor de cabeza para nosotros, un vehículo lento en el tráfico agobiante de Bogotá y sin campings donde dormir. El reto más importante es precisamente averiguar dónde dormir de manera económica y segura; tuvimos opciones de aceptar la invitación de una bella familia que conocimos en San Gil o la de alguna amiga de Alba, mi suegra adorada, pero decidimos no incomodar a nadie y pasamos 3 noches en un parking donde te dejan “acampar” cerca de del Mall 80 y se convirtió en nuestro refugio para descubrir, poco a poco, que Bogotá es una ciudad con cierto encanto e historia.

Dedicamos un día entero a visitar el Barrio de La Candelaria- espléndido fue ver que ¡la mayoría de los museos no tienen costo! Y la entrada al Museo del Oro cuesta sólo $1 dólar, así que aprovechamos y visitamos el Museo del Oro, el Museo de la Ciudad y el Museo de Botero.

Bogotá, Colombia-13

Para desgracia de quienes entramos a Bogotá con transporte privado (o incluso público), parece que todas horas son horas punta en Bogotá. Pasan los minutos y no consigues avanzar, incluso las filas para agarrar el bus del Transmilenio son eternas, así que mucha paciencia. Parece que el sistema de Pico y Placa (a través del cual solo circulan los carros con matrícula par o impar, un día cada uno) no es suficiente. Incluso durante los días en que no circula ningún transporte privado -sólo taxis, buses y reparto- el tráfico sigue siendo denso. Con tanto tráfico, es evidente que la contaminación en Bogotá es un problema espantoso y nosotros no podíamos evitar cuestionarnos por qué decide la gente quedarse aquí.

Antes de llegar a Bogotá nos enteramos de que en Tabio estaban los amigos de Furgo en Ruta, Martha y Marià, y no pudimos evitar la tentación de acercarnos a conocerlos. Estos dos catalanes, también conodicos como los Furgoaddictes (por su programa de televisión) llevan más de 3 años viajando por Sudamérica y son unos “cracks”. En Tabio se encontraron con Coca, un chico colombiano que estaba a punto de comenzar su viaje por Sudamérica. La manera en la que viajan Martha y Marià nos hizo reflexionar acerca de cómo cada quien desarrolla su viaje, ellos cuentan con una red de contactos que les ayudan mucho, por el camino filman cosas que ante el ojo clínico de Martha toman forma de una especie de videoclips-capsulas informativas-documental. Con Marià de periodista trabajan elaborando otro programa de TV. Cuando los conocimos les acompañamos al taller mecánico donde intentaban arreglar la “Saioneta” y mientras ellos se lo tomaban con gran filosofía nosotros recordábamos el calvario que pasamos con la “Kukis” antes de partir de México.

Dormimos estacionados enfrente de la casa de Coca, a la ladera de una montaña y rodeados de fincas ganaderas, y junto con todos ellos y más amigos de Coca pasamos una bella velada charlando de viajes al ritmo de timbales…

Tabio, Colombia-3