Las Fronteras Con Gatos

Papeles y Anécdotas al Cruzar Fronteras Con Los Gatos

Como ya sabes, viajamos con tres gatos por Latinoamérica. Salimos de México en diciembre de 2014 y ya hemos cruzado unas 13 fronteras con nuestros tres gatos: Nino, Nuix y Cachito. Hoy hablamos de este tema porque es una de las preguntas más recurrentes que nos hace la gente: ¿Es complicado cruzar fronteras con animales de compañía? y ¿qué papeles necesitan los gatos?

La respuesta debería ser simple y clara. Sin embargo, la realidad es que – como para cualquier otro trámite en las fronteras terrestres – cada aduana es diferente. Vayamos por pasos.

fontera a peru (3)
Nino examina el terreno antes de bajar de la kombi.

Las Fronteras Son Arbitrarias

Queremos dejar claro que esta es sólo NUESTRA experiencia porque, como acabo de decir, las fronteras terrestres son muy arbitrarias: lo que suceda dependerá de quién te atienda, del conocimiento de esa persona y del mal o buen día que tenga la persona en cuestión. Así que, tómate esta información únicamente como una guía de lo que te puedes encontrar, pero no significa que vaya a ser tu caso o el de tu mascota.

La mayoría de información que encontrarás en las páginas oficiales de cada país sobre la importación de perros y gatos aplica, mayoritariamente, a las aduanas de los aeropuertos. Las fronteras terrestres son un mundo aparte, excepto (según nuestra experiencia hasta ahora) en Chile y Argentina.

La arbitrariedad de las fronteras terrestres hace que nunca sepas qué esperar. A veces juega a favor porque muchas veces puedes pasar sin toda la documentación oficialmente requerida, pero otras veces sucede todo lo contrario y que te pidan cosas que realmente no necesitas.

Nino ha sido un campeón en todo nuestro viaje
En el Salar de Uyuni en Bolivia, los gatos se lamían sus patitas saladas al regresar a la kombi.

Chile y Argentina Son las Más Claras y Más Estrictas

Chile y Argentina han sido, de momento, las más estrictas porque piden exactamente lo que exigen y revisan los papeles meticulosamente. Esto no significa que sea complicado, sino más bien que tienes que dedicar tiempo y dinero. En ambos casos te piden:

  • Certificado veterinario de no menos de 10 días de antigüedad (en Argentina pagamos 30 dólares por cada certificado). *El veterinario se asegurará de que tienes las vacunas y desparasitación al día.
  • Certificado de SENASA (entidad del gobierno que extiende otro certificado después del veterinario). Cuesta unos 5 dólares cada uno.

En este caso, esto es exactamente lo que nos han pedido al llegar a las varias fronteras que hemos pasado para entrar a Chile y Argentina. El problema de entrar a Chile es que no puedes llevar alimento para mascotas, ni nada de origen animal /vegetal para consumo humano tampoco (pero ese es otro tema).

Lleva copias de todos los documentos. Se van a quedar una copia en cada aduana. Y, si sales de Argentina, tienes 20 días para volver a entrar a Argentina sin tener que pasar por un veterinario en Chile y hacer todo el papeleo de vuelta, lo cual se agradece. Sin embargo, en alguna de las aduanas nos dijeron que este periodo de tiempo es de hasta 2 meses y hemos intentado aplicar esta “teoría” para nuestras terceras entradas a Chile y Argentina, con éxito!

A continuación, te mostramos un video de nuestra tercera entrada a Argentina (desde Chile) con un certificado de Senasa de 4 meses de antigüedad:

¿Y Las Fronteras de los Otros Países de América Latina?

Aquí empieza la arbitrariedad y la diversión. Cabe mencionar que estamos hablando de las fronteras que nosotros hemos cruzado: Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

(A México importamos los gatos en avión con sus papeles que habíamos tramitado en Barcelona, y a Barcelona llegamos en avión desde Estados Unidos, con los papeles tramitados en Madison, Wisconsin – pero en este artículo hablamos de las fronteras terrestres de América Latina).

Hablaremos primero de la norma en general y después, vamos caso por caso:

kukis gats
Disfrutan de los espacios naturales tanto o más que nosotros.

 

En general, deberían pedirte: Certificado Veterinario y Vacunas al Día. A la hora de la verdad, no hemos dado cuenta de que “cualquier” certificado veterinario puede servirte (da igual del país o la antigüedad) y los que SÍ se aseguran siempre es de que la vacuna de la rabia esté al día. Además de eso, en Centro América cobran por animal (también en muchas fronteras cobran por cruzar las personas), así que para ellos, lo más más más importante es que pagues. Y nunca han revisado los gatos físicamente en ninguna frontera.

cachito
Cachito posa en Perú, frente a la cascada de Gocta.

Cabe decir que, en muchas ocasiones, no revisan la kombi. Por lo tanto, a veces, no los ven. Por ejemplo, entramos a Ecuador acompañados de otros viajeros. Nosotros teníamos los tres gatos dentro de la kombi y ellos un enorme pastor alemán (Var) sacando su cabezota por la ventana del coche. Teníamos clarísimo que iban a ver a Var y, por lo tanto, a los gatos. Así que llevábamos los certificados veterinarios listos y las cartillas de vacunas. Pero los agentes de la aduana, revisaron los coches desde unos 50 metros de distancia y nunca preguntaron por el perro, así que entramos sin más.

Otros Ejemplos

  • Entrando a Guatemala:

Nuestra primera frontera fue de México a Guatemala. Por culpa de un papel caducado de la kombi tuvimos que pasar varias horas en la frontera hasta solucionar el problema. Durante este tiempo, el agente de la aduana que tenía que revisar la kombi estuvo jugueteando con los gatos, así que teníamos claro que nos iba a pedir los papeles del veterinario que teníamos todos completos. Cuando por fin llegamos a la barrera donde estaba él, lo único que hizo fue sonreír y levantar la barrera.

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A Nuix le gusta cualquier tipo de clima, incluso el viento de la Patagonia.
  • Entrando a Honduras:

Nadie revisó la kombi ni vio los gatos.

  • Entrando a Nicaragua:

La persona que iba a fumigar la kombi vio a Cachito (a los otros no) y después de mostrar un certificado viejo (el de México) y pagar 10 dólares, continuamos nuestro camino. Después nos dimos cuenta que en los papeles que nos habían hecho esa aduana, ¡Cachito constaba como un perro! Es decir, el papel oficial de importación de Cachito a Nicaragua no servía para nada.

  • Entrando a Costa Rica:

Pensábamos que iba a ser una de las fronteras más complicadas, así que llevábamos certificados veterinarios nuevos a parte de sus cartillas de vacunas al día. Nadie vio los gatos.

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Nino y Nuix van a explorar al río mientras nosotros preparamos la comida.
  • Entrando a Panamá:

Sabíamos que entrar a Panamá iba a ser problemático porque su frontera tiene fama de ser difícil y así fue (más o menos). En Costa Rica, cada certificado veterinario costaba 100 dólares, así que antes de gastarnos 300 dólares en certificados decidimos arriesgarnos e ir a la frontera con los certificados viejos.

En cuanto llegamos, literalmente nos “asaltaron” seis agentes de policía. Rodearon la kombi y, con malas maneras, nos hicieron abrir la puerta y uno de ellos empezó a moverlo todo. Vieron los gatos y empezaron a gritarse entre ellos ¡Gatos! ¡Gatos! ¡¡Tienen que hacer papeles y pagar!!

Cuando por fin nos dejaron estacionar y empezar a presentar papeles, nos lo pidieron todo. No teníamos certificados actuales pero les dimos los de Nicaragua, los de México y algún otro. Un millón de copias de cada uno y las cartillas de las vacunas. Entraron un montón de datos a la computadora que, en teoría, tenía que certificar un doctor en la capital. Al final, realmente, creemos que bastó con que la vacuna de la rabia estuviera al día y, pagando unos 20 dólares por gato, pasamos sin más.

Fue curioso porque unos cuantos kilómetros más tarde, en el único país en el cual habíamos entrado haciendo papeles para los 3 gatos, un policía nos pidió los papeles de la kombi, nuestros  pasaportes ¡y los papeles de los gatos!

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En el velero de Panamá a Colombia, Nino parecía marinero. Fue el único de los cinco que no se mareó.
  • Panamá a Colombia:

Debido al Tapón del Darien, esta frontera no se puede cruzar por tierra. Teníamos dos opciones: mar o aire. Dado que la experiencia de otros viajeros por aire había sido desastrosa y los billetes para los gatos eran muy caros, decidimos ir en velero (una fantástica travesía por las Islas San Blas).

Esta vez, lo teníamos todo en regla: en Panamá fuimos al veterinario para los certificados (unos 15 dólares por gato) y luego pasamos por la entidad gubernamental correspondiente para el re-certificado (5 dólares por gato).

Pero, cuando cruzas en velero, el capitán del barco se ocupa de ir a la aduana con todos los pasaportes, tanto al salir de Panamá como al entrar a Colombia. Así que en ningún momento vimos a ningún agente de la aduana. Al llegar a Colombia, nos entregaron nuestros pasaportes sellados cuando ya estábamos en el hostal. ¿Y los gatos? Bien gracias.

 

Y  ya hemos hablado de la entrada a Ecuador, y para Perú y Bolivia tampoco nadie revisó la kombi ni preguntó por los gatos.

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En Panamá conocimos a estos viajeros franceses que se llevaron de viaje su gatita ciega.

Una última reflexión…

De momento, estas han sido todas nuestras fronteras, así que no ha sido difícil viajar con los gatos. Sin embargo, cada vez que nos acercamos a una nueva frontera sabemos que cualquier cosa puede pasar.

Por ejemplo, tenemos amigos que tuvieron que hacer centenares de kilómetros de regreso a Potosí, Bolivia al intentar entrar a Chile. La razón fue que en el certificado del SENASAG que les hizo el gobierno boliviano no constaba el ingrediente activo del desparasitante interno del perro. A pesar de que lo habían hecho todo conforme marca la ley, no pudieron entrar. Días más tarde, exactamente con los mismos papeles cruzaron a Argentina.

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Claudio y Trompa cruzan las fronteras a su estilo

En el otro extremo acerca de cómo lidiar con las fronteras con una mascota tenemos a otro amigo que adoptó una perrita en Perú. En su caso, cuando él llega a las fronteras, la baja de la kombi, le quita el collar y la deja suelta como si fuera un perro más de la calle. Cuando él termina con sus trámites, la llama desde el otro lado, la sube a la kombi y continúan el viaje. ¿Te imaginas hacer esto con los gatos? 😉

Si tienes más preguntas o sugerencias, ¡no dudes en escribir un comentario a continuación!

7 thoughts on “Las Fronteras Con Gatos”

  1. Hola Chicos! Muy bueno el post!! y con mucha información! o ya les había contado en algún momento que tenemos pensado arrancar en un tiempito con nuestras 2 gatas. Mi duda ahora es como hacen en grandes ciudades con los gatos? Igual los dejan sueltos como en la naturaleza? Alguna vez se fue uno de los gatos por mas de 1 día? que hicieron?
    Saludos!!

    1. Hola Eliel, qué bien que te gustó el post. Las ciudades son complicadas, no sólo por los gatos, sino porque la logística de acampar también se complica. Son pocas las que tienen espacios habilitados. Es por ello que las evitamos tanto como podemos. Los gatos pueden aguantar sin bajar de la kombi hasta un par de días si hace falta, pero intentamos que no suceda. Siempre los dejamos bajar en un espacio verde antes de llegar a cualquier ciudad grande y, si es posible, buscamos un camping/hostal donde podamos acampar o la casa de algún amigo; si estamos en la calle, buscamos un parque o algo así para que bajen un rato. Nunca hemos perdido de vista a ningún gato en ninguna circunstancia, sólo una vez perdimos a Cachito durante un par de horas y ya estábamos preocupados, finalmente resultó que no estaba lejos. Siempre que bajan estamos pendientes de donde están y qué hay alrededor. Espero haberte ayudado! Un abrazo!!! a todos…a las gatas también! 🙂

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