Sur de Colombia

Del Valle del Cauca a la Frontera de Ecuador

En nuestro recorrido por el Valle del Cauca hacia el sur de Colombia, pasamos dos noches muy tranquilas en dos lugares poco visitados: el Jardín Botánico Juan María Céspedes y en el Parque el Vínculo. En ambos lugares pudimos acampar y disfrutar de entornos y vistas excepcionales.

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A continuación, tocaba otra ciudad: Cali, la capital mundial de la salsa, a la que nosotros entramos básicamente a comprar artículos de tecnología dado que todo el mundo nos había insistido, una y otra vez, que a partir de Colombia, en cualquier otro país más al sur, todo sería más caro. Pasamos una noche y continuamos rumbo al sur.

Uno de los lugares que no queríamos perdernos era el mercado indígena de Silvia que tiene lugar todos los martes. Por poco no llegamos porque la kombi, siempre tan oportuna, empezó a hacer un ruido tan fuerte que parecía que se iba a partir en dos. Cuando estábamos a punto de dar vuelta atrás, por arte de magia, paró de hacer ruido y continuamos como si nada hubiera pasado. Nos alegramos mucho de haber logrado llegar porque valió mucho la pena. Cada martes, se reúnen en Silvia, los indígenas Guambianos, a comprar, vender e intercambiar productos. Hombres y mujeres visten con colores púrpuras y sombreros negros y el pueblo es una explosión de color.

Además, en Silvia nos reencontramos con Coca y Paula, dos colombianos que recién habían empezado el viaje y que habíamos conocido semanas antes cerca de Bogotá. Coca ofrecía sus fotografías con una antigua cámara de fotos (la foto agüita) y Paula vendía artesanías junto a otros dos argentinos (Nafta Pan y Huesos).

silvia ecuador foto agüita

Por la tarde, nos esperaban en un camping cerca de Popayán otros dos amigos que habíamos conocido en el caribe colombiano: Germán y Julia…y su inseparable Bar (Compartiendo el Camino). Con ellos dos “compartiríamos el camino” hasta Ecuador. Popayán es un pueblo mediano con un centro de casitas blancas y un bonito parque central, pero nada más.

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De camino a la Laguna de la Cocha, nos quedamos detenidos en la carretera. Y lo que parecía un inconveniente, acabó siendo una bonita sorpresa: en el pueblito de Piedrasentada un grupo de estudiantes reclamaba un profesor de matemáticas para la escuela y para hacer sentir su reclamo, niños y niñas de 6 a 16 años interrumpieron el tráfico de la Panamericana y, como resultado, también nuestro camino y el de Júlia y Germán. Una vez reabierta la carretera, los cuatro decidimos pasar la noche en la calle de este diminuto y humilde pueblito. Por la tarde, acampados al lado de la iglesia, nos visitaron los mismos estudiantes culpables de nuestro alto en el camino. Nos decían que estaban preocupados acerca del día que tengan que presentar las pruebas para acceder a la universidad porque temen no tener el nivel necesario de matemáticas por falta de un profesor. Con ellos aprendimos acerca de las carencias de esta región de Colombia de escasos recursos y escuchamos sus inquietudes y sus sueños. La mayoría no ha visto el mar, nunca ha ido al cine y algunos trabajan los fines de semana. Sin embargo, lo que más les preocupa es no tener un profesor de matemáticas.

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Al fin, el día siguiente llegamos a la Laguna de La Cocha, rodeada de selva nubosa y curiosas casitas de estilo suizo a orillas del agua. Acampamos al lado de la laguna con Julia, Germán y Bar. Era domingo y había mucha gente así que aprovechamos para vender algunas artesanías y probamos una trucha, plato típico de la región.

Nuestra última visita en Colombia fue el Santuario de las Lajas, cerca de Ipiales, el cual me decepcionó bastante, en particular, porque vi a todo el mundo pendiente de la limpieza del templo católico, mientras a nadie parecía importarle que el río del bello cañón sobre el cual está situado el santuario, estuviera extremadamente sucio.

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Ipiales nos sorprendió por la cantidad de negocios de marcas internacionales. Es un lugar de compras al que acuden muchos ecuatorianos para comprar artículos importados que están mucho más baratos que en Ecuador. Así que aprovechamos para ir de compras también. Y en Ipiales nos reencontramos con Julia y Germán y cruzamos juntos la frontera a Ecuador. Una de las más fáciles hasta ahora, en especial porque no revisaron los coches y a nadie pareció importarle que entráramos con tres gatos y un pastor alemán enorme.

Datos prácticos:

  • Se puede acampar tanto en el Jardín Botánico Juan María Céspedes como en el Parque el Vínculo, por un precio de 7000 COP por persona. Ambos lugares tienen baños y duchas de agua fría y quienes los gestionan son gente local muy amable. Ofrecen visitas guiadas y senderos para conocer el área.
  • Cerca de Popayán dormimos en el EcoParque Rayos del Sol por 15000 por persona. El camping es muy completo, con lavadora y senderos para caminar.
  • Hotal Kundur en Chachaguí. Precio: 15000 por persona. Muy buenas instalaciones, incluido cocina.
  • Laguna de la Cocha: acampamos cerca de la laguna, al lado de un restaurante que nos prestó los baños.
  • Las Lajas: dormimos en un estacionamiento cercano al santuario.
  • Ipiales: pasamos una noche en un hotel del centro, por 50000 COP la noche, con estacionamiento.