Del Caribe de Costa Rica a Panamá

Perezosos en apuros…

Y cuando pensábamos que ya habíamos visto lo bueno y mejor de Costa Rica, llegamos a su costa caribeña: naturaleza, playa, buena música, buena vibra y buena comida… Los afrocostarricences son descendientes de inmigrantes de Jamaica que llegaron a trabajar en el ferrocarril. Hoy en día, el ambiente aquí es menos turístico y más relajado que la costa del Pacífico. Pasamos varios días en Cahuita, donde visitamos el Parque Nacional Cahuita y, posteriormente, nos dirigimos a Puerto Viejo de Talamanca, nuestra última parada en territorio costarricense.

Y, de repente, nuestros días empezaron a girar casi únicamente, entorno a los perezosos, estas enigmáticas criaturas que nos han robado el corazón. Si en otros lugares de Costa Rica, sus avistamientos habían sido esporádicos, aquí los encontramos por todas partes, algunos haciendo lo que mejor hacen – relajarse en la copa de un árbol – y otros en verdaderos apuros.

No es de extrañar que existan numerosas iniciativas para rescatar a estos animales. Los peligros principales que enfrentan son la pérdida de hábitat natural, las carreteras, los cables eléctricos y la caza ilegal.

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Este perezoso de 2 dedos decidió cruzar la carretera cerca de una curva. Por suerte, nos dimos cuenta cuando apenas empezaba su travesía y conseguimos que los carros se detuvieran mientras él avanzaba a velocidad de perezoso arrastrándose por el suelo, ya que han perdido su capacidad de caminar. Finalmente, llegó sano y salvo al otro lado de la carretera y escogió un árbol de cacao para descansar.

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Este otro amiguito es un perezoso de 3 dedos o de carita feliz. Mientras lo observábamos moviéndose en lo alto de un enorme árbol nos percatamos de que se movía con dificultad. Parecía que no podía alcanzar la siguiente rama y, en uno de sus múltiples intentos, falló y cayó justo a nuestros pies desde una altura de unos 15 metros. Por suerte, a pocos metros del suelo se sujetó momentáneamente en una rama y eso amortiguó un poco la caída. También tuvo suerte de caer en blandito sobre una zona con vegetación.

Se incorporó y quedó sentadito en el suelo durante unos minutos intentando descifrar qué había pasado y qué hacer a continuación. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que tenía un ojo malo. De hecho, los perezosos tienen una visión pobre y parecía que este todavía más. Cuando me di cuenta, salí corriendo a la kombi a por mi celular en caso de que tuviéramos que llamar a alguno de los centros de rescate mientras Carlos se quedó a asegurarse de que no le pasara nada. Cuando regresé ya estaba empezando a subir al árbol y parecía hacerlo con más destreza que antes. No nos fuimos hasta que hubo subido hasta lo más alto y se quedó dormido. Al día siguiente regresamos para asegurarnos de que estuviera bien y allí estaba, compartiendo árbol con otro perezoso.

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Este otro perezoso de tres dedos sí que estaba en verdaderos apuros. Lo encontramos en medio de la carretera y parecía aturdido. No se quería mover ni para un lado ni para otro. Detuvimos la kombi y el tráfico y empezamos a pensar qué hacer. No se veía lastimado ni golpeado. Más bien estaba confundido dado que los carros habían estado pasando muy cerca de él por ambos lados.

A los perezosos no se los puede alzar simplemente con las manos. Sus uñas son muy fuertes y cuando te agarran te pueden lastimar con facilidad. Lo habíamos comprobado semanas antes con una perezosa bebé en Finca Cañas Castilla que incluso siendo una cría había que agarrarla con una toalla y solo si estaba muy tranquila.

Un señor en uno de los carros que iba pasando gritó: “¡Con una rama!”. No sé qué entendió Carlos al principio pero lo primero que agarró fue una ramita que más bien parecía un tallo de una flor que solo servía para limpiarle las orejas al perezoso. Pero luego se nos prendió el coco y con el machete Carlos cortó una rama grande de un árbol cercano y se la acercó al perezoso. Éste, rápidamente se sintió como en casa y se agarró al palo. Con la ayuda de otro señor, levantaron esta magnífica criatura de la carretera y lo llevaron hasta la vegetación de la cuneta (VER VIDEO). Allí se quedó, quieto, como no queriendo saber nada más de este mundo cruel. Pero sus movimientos en la rama nos demostraron que no estaba lastimado y pensamos que sólo necesitaba tiempo. Para que no estuviera demasiado rato al sol y con tanto calor, lo cubrimos con un poco de vegetación y nos fuimos deseando que se moviera pronto a los árboles cercanos.

En ese momento ya nos encontrábamos en Panamá. En una zona remota, rodeados de aldeas indígenas y de densa vegetación. El trayecto fue exquisito. Sentada en el asiento del copiloto podía divisar tucanes y perezosos en los árboles sin el menor esfuerzo. Cuando nos detuvimos a ayudar al perezoso nos agradó ver la reacción de la gente y continuamos nuestro camino satisfechos.

Sin embargo, las cosas cambian cuando te acercas a la capital. Centenares de kilómetros más adelante el tráfico se intensifica, el semblante de la gente se vuelve más hosco y, por primera vez, vimos un perezoso atropellado. Ya dentro de los límites de la horrorosamente desorganizada Ciudad de Panamá, vimos otros dos perezosos atropellados.

Testigos de la despiadada destrucción de su hábitat, los perezosos que todavía sobreviven a esta brutal devastación se aferran a la vida y a los pocos árboles que quedan entre las enormes avenidas de esta metrópoli de tráfico ensordecedor.

Frágiles criaturas, vestigios de lo que un día fue una vigorosa selva tropical y ahora es un caos de asfalto sin sentido. Un espacio inerte.

Somos una plaga. Los humanos. Y nos empeñamos en vivir en feas urbes de hormigón que arrasan con todo lo que se interpone en nuestro camino.

Fotos Cahuita:

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Fotos Puerto Viejo de Talamanca

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Datos prácticos:

Reggae Bar Cabins and Camping en Cahuita. Precio: 4 dólares por persona. Con electricidad. Delante de la playa. 

Rocking J’s en Puerto Viejo de Talamanca. Precio: 6 dólares por persona. Con electricidad y ducha de agua caliente. Delante de la playa. 

Parque Nacional Cahuita. Precio: donativo. Caminata a lo largo de la costa y la playa.