Alrededores de Medellín: Río Claro, Guatapé y Jardín

Entre las grandes urbes de Bogotá y Medellín, encontramos un pedacito de selva. Por fin, inmersos en la naturaleza de la Reserva Natural Cañón del Río Claro nos volvimos a sentir como en casa. Atrás quedaban el tráfico y la contaminación. Los gatos, felices de volver a pisar hierba, no había quien los contuviera dentro de la Kukis.

Esta reserva privada tan bien conservada ofrece actividades como rafting, caminatas, escalada, etc. Aprovechamos para nadar en el río, caminar y observar aves que nunca antes habíamos visto, como el mosquero colilargo (colonia colonus) y el tucán pechiblanco (ramphastos tucanus). Acampamos en soledad, al lado de nuestro pedacito de río y alejados de la zona de camping oficial.

Río Claro,Colombia- (11)

Dirección a Medellín nos esperaba otra bonita sorpresa que estuvimos a punto de perdernos: Guatapé y su peñón. A mí, personalmente, no me llamaba mucho la atención el peñón y la realidad es que no me pareció nada del otro mundo. La enorme roca es impresionante pero las vistas no tanto. Después de subir 740 agotadores escalones hasta la cima, las vistas del paisaje inundado por la acción del hombre y sus colinas parcialmente deforestadas no me inspiraban. Sin embargo, después de subir al peñón nos dirigimos al pueblito de Guatapé pensando en buscar un lugar donde dormir. Y sin esperar nada, descubrimos un lugar pintoresco y colorido. Hace 50 años empezó la tradición de pintar o esculpir los zócalos en las casas: coloridas imágenes en tres dimensiones en sus fachadas con motivos que decide el artista o la misma familia. El pueblito se ha convertido en un museo al aire libre.

Guatape, Colombia-8

Finalmente llegó el día de volver a la jungla de asfalto: Medellín. Pero las pocas ganas de revivir el caos del tráfico y un poco de indigestión que sufrimos los dos, hicieron de nuestra visita a Medellín un desastre. Entramos por el este, atravesando el Parque Arví, un pulmón de áreas verdes conectado a la ciudad por un teleférico; y una vez dentro de la ciudad, el tráfico, el calor y la falta de estacionamiento, complicó nuestra visita y buscamos una vía de escape. A toda prisa, revisé el mapa esperando encontrar un lugar más adecuado para nosotros y, como si de un oasis se tratara, en el mapa leí: jardín botánico. ¡De ahí somos! Recorrimos la ciudad de Medellín en búsqueda de los pocos árboles que contiene la gran urbe como si de ello nos dependiera la vida. Y allí terminamos, una vez más, entre árboles, gente practicando yoga y nosotros con dolor de estómago, preguntándonos a qué carajo habíamos venido. Al día siguiente, pusimos rumbo al departamento de Caldas. Cuando ya nos habíamos alejado unos cien kilómetros, recibimos la invitación de un paisa (que se nos acercó a preguntarnos sobre el viaje el día anterior) para ir a su casa en Medellín, qué pena que fuera demasiado tarde. Seguramente, hubiéramos visto la ciudad con otros ojos.

El azar quiso que el día que nos fuimos de Bogotá y el día que nos fuimos de Medellín fuera domingo. Y en ambos lugares nos sorprendió gratamente la cantidad de gente que aprovecha para salir en bicicleta o en moto a pasar el día. Conocimos a Mónica, que nos detuvo en la carretera por sus ganas de hablar con nosotros. Ella y su pareja se dedican a organizar muchos de estos tours en moto por Colombia y también han recorrido parte de Sudamérica.

Y finalmente, llegamos a Jardín. Otro lugar lleno de sorpresas. En domingo, la plaza del pueblo estaba muy avivada. Había unos cuantos turistas locales pero el pueblo ha logrado mantener su ambiente original. Nos sorprendió observar que ¡el ochenta por ciento de los locales de la plaza principal eran cantinas! Todas alrededor de la iglesia. Eso sí, por eso de mantener las apariencias en ninguna ponía “cantina”, en su lugar, en los carteles se podía leer: “cafetería”, “heladería” o incluso “jugos”…pero en sus sillas yo solo veía, con asombro, hombres sentados tomando cerveza (mucha cerveza), al mediodía. Mientras en la iglesia se escuchaba misa, en las cantinas se escuchaban canciones de desamor y los niños jugaban en la plaza.

El centro de la plaza principal de Jardín está repleto de sillas de colores, rosas, árboles floridos y algún turista como nosotros que no sabe exactamente lo que está pasando. Alrededor de la plaza: caballos, muchos caballos. En este pueblo, el caballo es el principal método de transporte y también ¡en caballo se llega y se toma cerveza en la cantina! Hombres a caballo se sitúan delante de la cantina y el mesero les sirve alcohol. A caballo, se emborrachan y a caballo discuten. Y a caballo, se van a la cantina de al lado…Y así sucesivamente. Entre trago y trago, ponen el caballo a trotar o a paso de trocha. Los pobres caballos sudan mientras los jinetes borrachos apuestan a ver quién la tiene más larga.

Y yo, en las intimidades de mi mente, debatía conmigo misma acerca de si el espectáculo que estaba viendo era pintoresco o profundamente deprimente.

Pero el encanto de Jardín va más allá de su plaza principal y sus jinetes cantineros. Durante los dos siguientes días también disfrutamos de sus alrededores gracias a los consejos de Marco y Osvaldo (suizo y maño, viajeros encargados temporalmente del hostal). Jardín es un lugar excepcional para observar aves y el secreto mejor guardado de Jardín es un rincón mágico, al lado del río, donde cada día a las cinco de la tarde se puede observar un ave muy particular: el Gallito de Roca de los Andes (Rupícola peruviana). Decenas de machos se reúnen cada tarde en su peculiar ritual de demostración de canto y baile. Me pregunto si este pueblo tiene algún tipo de efecto raro en el sexo masculino de toda especie. Sin embargo, este espectáculo fue mucho más agradable ante mis ojos. Estas vistosas y exóticas aves están amenazadas por el tráfico ilegal y son difíciles de ver. Pero aquí las pudimos disfrutar en gran número durante un buen rato. Todo un regalo.

Otro recorrido interesante en los alrededores de Jardín es el Camino La Herrera, un antiguo camino que conectaba departamentos vecinos, a través del cual se pueden visitar varias cascadas, ríos y plantaciones interesantes. El recorrido termina en la estación de La Garrucha, un rudimentario sistema de transporte de bananos, leña y otros víveres hasta el pueblo que ahora también transporta turistas.

Jardín, Colombia-4

Datos prácticos:

  • Reserva Natural Cañón del Río Claro. Precios: Acampar y entrada 15000 COP por persona 1 día. Por 2 días: 25000 COP por persona; 3 días 35000 COP por persona. Las otras actividades son aparte. Baños y duchas de agua fría en la zona de camping oficial, en vehículo te dejan acampar donde quieras. WiFi en la oficina en la entrada.
  • Guatapé. Dormimos al lado del río, cerca de la estación de policía. Gratis.
  • Medellín: dormimos en la calle, estacionados delante del hostal Blacksheep en un barrio tranquilo. Gratis. Es posible pagar por usar los baños y duchas del hostal.
  • Jardín: Hostal Selva y Café. A las afueras de Jardín. 30000 COP por vehículo, desayuno incluido. A 45 min caminando del centro del pueblo, por un camino donde se observan cantidades de aves.

5 thoughts on “Alrededores de Medellín: Río Claro, Guatapé y Jardín”

  1. De alguna forma puedo decir que me parece triste tu relato… es cierto que la forma en la que se ven las cosas depende mucho del estado de animo y no voy a decir que los lugares que visitaste son lo mejor y que estás equivocada en tu relato… pero me recuerdas un cuento que solía contarme mi mamá sobre como las personas ven los lugares… de alguna forma me dio la impresión de que habian más cosas feas en tu relato que detalles bonitos y que pone los lugares que visitaste muy por debajo de su real belleza, pero bueno… espero que el día de en que regreses a Antioquia (si lo haces), vengas con una disposición distinta de ver más lo bueno, que lo malo del departamento y es cierto, que los paisajes intervenidos por el hombre no son la maravilla… pero personalmente me parece que se ve hermoso el color de la represa de Guatapé, las islitas y su vegetación.

    1. Hola Valya, Antioquia es muy bonito y tenemos la intención de regresar. En en relato pongo que no me apasionó la vista desde el peñón, pero que me encantó el pueblo. También digo que salimos muy rápido de Medellín por las circunstancias de nuestro viaje, pero que nos enamoramos de Río Claro. Y Jardín todavía es uno de mis rincones favoritos del viaje. Preferimos la naturaleza: los tucanes que vimos en Rio Claro, los Gallitos de Roca de Jardín, etc. No a todos nos gusta lo mismo. Pero cuando regresemos, quiero darle una segunda oportunidad a Medellín por ejemplo, porque además en ese día yo no me encontraba bien, me dolía el estómago, y quería tranquilidad, así que estoy segura que no le di la oportunidad que merecía. Tienes un país hermoso, y los colombianos siguen siendo de los mejores anfitriones del viaje! ¡Eso te lo puedo asegurar!

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