Machu Picchu Por la Puerta de Atrás

Machu Picchu y Titicaca ¿Lo mejor de Perú o un montaje turístico?

Al inicio de este viaje conocimos a un argentino, Claudio, que ya había llegado en kombi a Nicaragua. Al preguntarle acerca de su viaje nos contó que había cruzado Perú pero que no había visitado Machu Picchu. En ese momento Carlos y yo nos pusimos las manos en la cabeza y lo tomamos por loco. Si lo volviéramos a ver hoy, creo que lo felicitaríamos por resistir a la tentación.

He aquí el relato de nuestro paso por la zona más célebre de Perú.

Después de recorrer enormes distancias por el Perú menos conocido, llegamos a Cusco y todo cambió. Todo. Los atascos de alpacas de los altiplanos andinos se convirtieron en interminables filas de turistas para comprar las preciadas entradas al Machu Picchu. La amabilidad genuina de los peruanos se convirtió o bien en una falsa simpatía para venderte un tour o en una simple antipatía por parte de los ciudadanos de Cusco –por otro lado entendible ya que los turistas hemos invadido su ciudad – y, por primera vez en mi vida, alguien me gritó en la oreja un “¡regrésate a tú país!”

A pesar de todo, Cusco es una ciudad bonita y agradable de pasear. Además, tuvimos la suerte de que nos recibiera a ritmo de bailes tradicionales.

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Convencidos de que los lugares más turísticos lo son por algún motivo, ignoramos las señales evidentes de esta trampa turística y nos propusimos llegar al Machu Picchu “por la puerta de atrás” pensando que, de esta manera, nos alejaríamos durante unos días del turismo de masas.

Después de pasar un par de días en Cusco, empezamos a conducir por el Valle Sagrado de los Incas. Las guías recomiendan visitar el mercado del domingo de Pisac. Sin embargo, ya queda poco de mercado tradicional y, hoy en día, se ha convertido en una colección de paraditas con los mismos suvenires que encuentras en todas partes. Nosotros las pasamos todas de largo y, por fin, encontramos algunas paraditas de mercado de verdad.

Nuestra primera noche en el Valle Sagrado la pasamos en Ollantaytambo, un pueblo muy pintoresco con las segundas ruinas incas más visitadas después de Machu Picchu. Sin embargo, este bonito pueblito de cuatro casas estaba completamente colapsado de buses y microbuses intentando “cargar” y “descargar” sus respectivos turistas que, una vez tenían un pie en el suelo, caminaban todos como zombis en dirección a la entrada de las ruinas, mientras niñas de todas las edades, vestidas (o ¿disfrazadas?) con sus prendas tradicionales les daban la bienvenida siempre con la misma canción: “¿Foto?”

Evidentemente, si el precio de la entrada no era suficiente para desanimarnos, lo hicieron las riadas de gente disfrazada de Indiana Jones. Así que nos limitamos a intentar “pasear” por el pueblito, dormir y continuar nuestro camino a Machu Picchu.

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Teóricamente, a partir de Ollantaytambo empezaba la ruta alternativa. Si bien es cierto que la mayoría de los turistas toman el tren desde Cusco u Ollantaytambo, por la cantidad de microbuses que nos adelantaban, rápidamente nos dimos cuenta de que la “ruta en coche a Machu Picchu” se ha vuelto también una de las opciones habituales.

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Por el camino, vimos enormes grupos de jóvenes turistas enfrascados en actividades como el “ciclismo de riesgo”: los ponen a bajar en bici por carreteras de curvas luchando por un espacio con los peligrosísimos conductores peruanos hasta llegar, por la tarde, a Santa Teresa. Allí, visitan los baños termales de este diminuto pueblo que se convierten en una sopa de gringos. Nosotros nos bañamos en las termas por la mañana, a solas, compramos los boletos de tren en Santa Teresa para el día siguiente y nos dirigimos hacia la hidroeléctrica a pasar la noche.

Y, por fin, llegó el gran día. El día que conoceríamos Machu Picchu y nos tomaríamos esa foto sin la cual ningún viajero que haya pasado por Perú puede regresar a casa y decir que “conoce” el país andino. Subimos al tren a las 8.30 am y nos sorprendió ver que casi íbamos solos. ¡Por fin solos! –pensamos.

Jaja… ¡Ilusos! Los miles de turistas que iban al Machu Picchu el mismo día que nosotros ¡ya estaban haciendo fila para tomar el bus! Aunque nuestras entradas al Machu Picchu eran para las 11am, empezamos a hacer fila a las 9am y llegamos a la entrada después de las 10. Allí esperamos a que dieran las 11 mientras veíamos pasar los rebaños de gente. Una de esas imágenes que tanto detestamos. “Todo sea por ver el Machu Picchu”- nos consolábamos.

Y por fin dieron las 11am y, como dos buenos turistas, nos dejamos llevar por las masas. Cámara en mano, palito selfie a punto y allá vamos. ¡A sacar LA FOTO! Después de mil intentos, unos pasos a la derecha para que no salga la gringa, otro a la izquierda que se nos ha colado un niño, ahora no sale el Machu Picchu, ahora has cerrado los ojos, ¡¿y éste que sale en la foto quién carajo es?!… ¡Mejor corre al otro lado que desde allá se ve mejor! Y vuelve a empezar. Palito selfie por aquí, palito por allá… ¡Por fin! La maldita foto del Machu Picchu salió… ¡más o menos!

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¡Ufff! Podría decir que la vista de las ruinas es majestuosa, que el escenario es impresionante y que vale la pena todo el follón. Y la verdad es que no diría ninguna mentira. Pero lo que yo sentí en ese momento fue, sobretodo, alivio. Por fin, esta cita prácticamente obligatoria con las ruinas más famosas del mundo había pasado, con relativo éxito.

Disfrutamos más del regreso. La caminata por las vías del tren es bonita y más o menos tranquila. Después de unos centenares de metros entendimos por qué el tren de la mañana estaba prácticamente vacío: enormes grupos de gente joven caminaban en dirección a Aguas Calientes por la tarde con la intención de visitar el Machu Picchu al día siguiente. Total, que esa historia que nos habían contado, una y otra vez, sobre cómo los viajeros “como nosotros” tomaban la opción barata y aventurera, caminando por las vías, cuidándose del tren, regresando a oscuras y a solas para ir y volver del Machu Picchu, perdió todo su misterio. Miles de personas lo hacen cada día, ¡con guía incluido!

¿Se trata de una opción menos cara? Sí. ¿Vale la pena? Posiblemente, aunque los últimos kilómetros de terracería con la kombi fueron pesados. ¿Es la ruta alternativa para evitar a la gente? Definitivamente, no. Al menos, no en temporada alta.

Con la misión del Machu Picchu cumplida, emprendimos el camino de regreso en kombi. No visitamos más ruinas incas por la combinación de dos motivos: la cantidad de gente y los paquetes turísticos. Por lo general, en un mismo paquete entran dos o más ruinas a kilómetros de distancia entre ellas. Nosotros no tuvimos ganas ni de gastar tanto dinero, ni de ir corriendo de un lado a otro para llegar a tiempo a visitar otras ruinas atestadas de gente. Con Machu Picchu tuvimos de sobras, de ruinas y de gente. Sin embargo, nos detuvimos a visitar las Salineras de Maras, donde casi no había nadie.

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He aquí el video que resume toda esta odisea hasta el Machu Picchu:

Finalmente, nos quedaba una última cita en Perú: el Lago Titicaca. El lago navegable más alto del mundo, a 3800 m.s.n.m, que hace frontera con Bolivia. Para visitarlo desde el lado peruano, nos dirigimos a Puno y tomamos un bote a las Islas Flotantes de los Uros. Los uros son la etnia que habita las islas, aunque actualmente es difícil decir si realmente las islas están habitadas, es decir, si los uros que nos dan la bienvenida a los turistas realmente viven allí o no. Parece ser que hay unas islas más lejanas habitadas por uros que se dedican a la pesca. La que fuimos a visitar nosotros se dedica íntegramente al turismo, lo que hace que todo ello – al igual en Cusco y alrededores – parezca un simple montaje.

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En resumen, no se puede negar la importancia del legado inca en Perú ni, en general, la belleza de esta zona sur del país. Sin embargo, observar tanta gente gastando tanto dinero para ir a visitar algo que pocos comprendemos nos hace reflexionar sobre el verdadero sentido de viajar. Cómo nos pasa a menudo, nosotros disfrutamos más del trayecto que del destino, porque fue durante el trayecto que convivimos con la gente que no forma parte de este circo turístico. Un circo turístico del cual sólo se benefician unas cuantas compañías que gestionan todo y deciden qué es lo que no nos podemos perder de ninguna manera.

 

Datos prácticos:

Ruta (ida):

En kombi: Cusco-Pisac Ollantaytambo-Santa María- Santa Teresa-Hidroeléctrica (estación de tren)

*El tramo de Santa María a Hidroeléctrica NO está asfaltado.

En tren: Hidroeléctrica a Aguas Calientes (Machu Picchu Pueblo). Tren: 29 dólares pp; 30 min

Bus: Aguas Calientes (Machu Picchu Pueblo) – Machu Picchu. Bus: 12 dólares pp; 10 min

Ruta (regreso):

A pie: Machu Pichhu- Aguas Calientes (Machu Picchu Pueblo) 30 min.

A pie (por las vías del tren, 3h): Aguas Calientes (Machu Picchu Pueblo) – Hidroeléctrica

En Kombi: Hidroeléctrica de regreso a Cusco (pasando por Ollantaytambo y Salineras de Maras)

 

  • Cusco: acampamos en Quinta Lala. El único camping de Cusco, a distancia a pie del centro.
  • Machu Picchu: Las entradas se pueden comprar en Cusco o en Aguas Calientes. Si es temporada alta es mejor comprarlas con antelación en Cusco. Nosotros usamos la vespertina que te permite entrar a partir de las 11h (depende de la época, a la 13h) por 90 soles.
  • Tren a Macchu Picchu, sale de Cusco o también de Ollantaytambo, caro. Nosotros lo tomamos desde Hidroeléctrica (a una hora de Santa Teresa) por 29 dólares por persona.
  • En Santa Teresa dormimos en el estacionamiento de los baños termales y en la hidroeléctrica pasamos otras dos noches, antes y después del Machu Picchu.
  • Salineras de Maras: Hay un punto, en Pichingoto, desde donde se puede acceder a las salineras caminando 20 min sin tener que hacer 3 horas en coche (que es la ruta habitual si vas a visitar las ruinas de Moray).

 

2 thoughts on “Machu Picchu Por la Puerta de Atrás”

  1. Ay. Que ironía. No les voy a negar que me tienen encantada uds con lo de viajar con 3 gatos, me parece increíble y pues me maravilla la adaptación de esos animales. Tampoco puedo dejar este comentario sin decirles que es un sitio fresco este blog, que se nota su madurez y me alivia tanta honestidad, pero que lamento encontrar el estado de negación en el que parecen vivir los viajeros y es irónico como cada uno se va excluyendo convenientemente de esa orda de turistas que invaden cualquier sitio interesante o bonito… Que lo hagan de manera alternativa, o de manera original o para la mas sublime causa no los hace especiales… Uds también también hacen parte de esa industria, de ese show… Igual ¿acaso importa?… En este sociedad liquida, de la economía de engaño todo es valido para hacer cualquier cosa para vivir o ¿no?…

    Reitero mi admiración por el viaje en kombi con gatos, por su sinceridad y objetividad.

    Saludos.

    Pd: también amo viajar, tengo una linda gata y conduzco un vw escarabajo modelo 76… Ah, y también he sido parte de la orda, no en Machupichu, pero si lo he hecho.

    1. Hola Tana! Cuánta razón tienes y precisamente esa es la incongruencia que queríamos plasmar en este artículo. Yendo al Machu Picchu no hay manera de no formar parte de esa industria del turismo de masas. Y no nos incomoda formar parte de ella, pero tampoco lo disfrutamos igual que en otros lugares más tranquilos. Es nuestro eterno debate cuando llegamos a lugares así… ¿qué hacer? ¿no ir? ¿ir? y al final, no te lo quieres perder porque si no vas, luego nos vamos a preguntar eternamente si nos perdimos algo. Aún así, debo decirte que hemos decidido no ir a otros lugares muy turísticos. Pero por suerte, en nuestro viaje (como en el de tantos otros viajeros) hemos encontrado lugares interesantes y bonitos sin que tengan esas masas de turistas y, sinceramente, esos lugares son los que más disfrutamos. ¡Gracias por escribir y compartir tu opinión sobretodo en un tema como éste que tanto nos gusta analizar y ser autocríticos! ¡¡ Saludos, besos a tu gatita y buenas rutas con tu escarabajo !!!

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