¡Vamos todos al veterinario en Isla Ometepe!

Un rincón paradisíaco de Isla Ometepe se ha convertido en una improvisada clínica de campo para sus animales

Un desafortunado denominador común a lo largo de toda nuestra travesía son las malas condiciones en las que sobreviven los animales, tanto los de la calle como muchos de los que –supuestamente- tienen dueño. Perros, gatos, caballos, todo tipo de animales desnutridos, atropellados y maltratados, ya sea por falta de recursos o comprensión. No es de extrañar, entonces, que muchos viajeros acaben adoptando algún animal, mayoritariamente perros. Tampoco es de extrañar que a muchos les parezca inverosímil que nosotros viajemos con 3 gatos en una kombi y que, a veces, cuando nos ven llegar se piensen que ¡está llegando el circo! Bromas aparte, es un tema muy duro y difícil de sobrellevar. A menudo, se me caen las lágrimas.

Sin embargo, ésta es una buenísima semana para los animales domésticos de Isla Ometepe. ¡Han llegado los veterinarios a la isla! Todos ellos pertenecen a la Oregon State University. Entre estudiantes (mujeres, casi en su totalidad), profesores y voluntarios – extranjeros y locales – para traducción y asistencia en general son más de 40 personas. Llegan cada año durante estas épocas, desde hace nueve años y utilizan las instalaciones de la Hacienda Mérida. Su dueño, el sr. Molina, les contactó en su momento ante la urgente necesidad de recibir asistencia veterinaria en Isla Ometepe donde, hasta hace poco, no existía ningún veterinario.

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Estas increíbles y entregadas personas, han preparado una clínica de campo bajo una enorme carpa. Allí, realizan chequeos, curaciones e incluso cirugías. La población local, mayoritariamente niños y niñas, traen a sus mascotas: perros, gatos, conejos, etc. Pero también traen caballos y cerditos, y se realizan visitas a domicilio para atender otros animales de ganado. Todo de manera gratuita. A las siete de la mañana los niños y niñas ya hacen fila con sus escuálidas mascotas para ser atendidos. Las veterinarias y voluntarios, aprovechan esta oportunidad para darles cuadernos para colorear con mensajes sobre cómo cuidar a sus mascotas. Después de cada visita, se llevan bolsas de comida, tratamiento contra los parásitos y correas. Los animales de la calle también reciben tratamiento y las veterinarias esperan haber atendido absolutamente a todos los animales de la zona después de sus ocho días de intenso trabajo.

El principal problema al que se enfrentan son los parásitos y la cirugía más habitual son las esterilizaciones. Por la condición tan desnutrida de muchas mascotas es difícil de creer que esta colosal tarea se viene realizando desde hace nueve años. Sin embargo, las veterinarias nos explican que han detectado una reducción de un 30% en los perros de la calle desde su primer viaje.

La verdad es que es una situación que da mucho qué pensar y analizar. Por un lado, puede que incluso lastime algunas susceptibilidades el hecho de que sea un grupo de extranjeras, con mejores recursos y consciencia, quienes tengan que aparecer con sus carísimos aparatos de última tecnología, para solucionar cuestiones tan básicas. Sus sofisticados instrumentos dentales para caballo contrastan con las viejas cuerdas y extensiones eléctricas que utilizan los niños como correas para sus perros, la mayoría de ellos alimentados (o mal alimentados) con frijoles y arroz. Por otro lado, me gustaría ver la fortaleza, confianza y ganas que demuestran todas estas estudiantes de veterinaria en más gente. Sin embargo, las niñas y los niños que, pacientemente, hacen fila con sus mascotas mientras aprenden coloreando, son la esperanza del futuro. Ellos son quienes reciben las instrucciones sobre cómo cuidar a sus mascotas después de la visita y, cuando se van, se intuye en sus caritas un destello de satisfacción por el trabajo bien hecho.

Por cierto, ¡Nino, Nuix y Cachito también recibieron su chequeo médico y certificado de salud!

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